Olga Moraga, vicedecana del Colegio Oficial de Psicología de Castilla-La Mancha, analiza los peligros de la sobreinformación, la evolución en las fases de un trauma colectivo y los retos de un oficio preparado para dar lo mejor de sí mismo en la peor de las circunstancias
665 65 84 72. Poco después de que se notificase la tragedia ferroviaria en Urda el pasado miércoles, el Colegio Oficial de Psicología de Castilla-La Mancha abrió esta línea telefónica de ayuda psicológica para todos los afectados. «Desde entonces el teléfono no ha dejado de sonar», explica por teléfono a Inspiring News Olga Moraga, psicóloga y vicedecana del Colegio. Ayer mismo tuvieron que abrir otra línea: 636 03 94 32. Las dos tienen el mismo horario, de 10 de la mañana a 8 de la tarde y de lunes a domingo.
«Con una sola nos quedábamos cortos. Los compañeros que están atendiendo necesitan tener tiempo de descanso y sabemos que hoy y mañana, después del impacto vamos a recibir más llamadas», cuenta. A lo largo de la conversación, Moraga referencia constantemente otras catástrofes en las que han intervenido. En 2008 ella misma estuvo en la de Spanair en Barajas y recientemente el grupo de trabajo del colegio destinado a catástrofes ha tenido que actuar en la dana de hace dos años en Valencia o en los terremotos de Venezuela y Colombia.
«Las redes sociales ahora llegan a todos los sitios y no hay fronteras, por internet nos llegan muchas visitas y se difunde el teléfono», añade. Con esa experiencia, nos ayuda a desentrañar los peligros de la sobreinformación en tragedias como la del pasado miércoles, la evolución en las fases de un trauma que, dice, es ya casi colectivo y los retos de un oficio preparado para dar lo mejor de si mismo en la peor de las circunstancias.
Nos reserva media hora justo antes de su comida, pero antes de lanzarse a contestar nuestras preguntas advierte: «Queremos transmitir nuestras condolencias a los afectados por el accidente y todas sus familias y amistades y felicitar al personal sanitario, guardia civil, policía y protección civil que se desplazaron en el día de ayer y que me consta que todavía están interviniendo. Para ellos toda nuestra felicitación y admiración».
¿Para qué es necesaria una línea como esta?
A primera vista parece un poco más complicado para atender a la gente, pero luego hemos visto que muchas veces para los intervinientes es más fácil.
¿Por qué?
En los puestos que se habilitan de atención directa van los afectados más directos, pero para la traumatización vicaria de profesionales o por ejemplo de gente del pueblo es más fácil esta línea. En este sentido, ahora cualquier persona en nuestro país que esté saturada de sobreinformación y sobreexposición a las noticias de la tragedia en redes, o incluso WhatsApp, puede desarrollar una traumatización vicaria. En estas situaciones, nuestro teléfono resulta muy útil porque muchos de los que llaman se sienten que le están quitando el sitio a alguien que está sufriendo más porque tiene un familiar directo que ha fallecido o porque está gravemente herido. El teléfono facilita el llegar a esas personas que están más reticentes.

Imagino que han tenido que abrir otra línea por pura saturación, ¿no?
Por la saturación y para que los compañeros que atienden las llamadas tengan tiempo de descanso. El miércoles con el shock las personas no tenían capacidad de pensar, estaban con el subidón de adrenalina. Pero sabemos que hoy y mañana vamos a recibir más llamadas. Los supervivientes al principio tienen un estado de gratitud. Abrazan a su familia, les reconforta, pero los días posteriores es necesario que ellos mismos y los familiares estén atentos, pueden aparecer pesadillas, están más callados… Por eso no nos centramos solo en los supervivientes con lesiones graves, sino también en los que tienen lesiones leves. Con el paso de los días eres más consciente y allí la mente y las emociones se pueden quedar enquistadas.
¿Qué tipo de perfiles les han llamado estos días?
El miércoles llamaron directamente familiares. Cuando una persona tiene una incertidumbre sobre un familiar busca información donde sea. Nuestros teléfonos empezaron a sonar y eran, sobre todo, familiares de los afectados que no los encontraban. El accidente está en un punto entre Ciudad Real, Toledo y Madrid y en las catástrofes pasa siempre que llegan muchos dispositivos, muchos recursos, pero la gente necesita un poco ordenarse, preguntar y, bueno, en ese momento es cuando empiezan a llamar. Es muy importante combatir la incertidumbre con información veraz, entonces nosotros también recabamos esa información que la gente reclama.
¿La respuesta que ofrecen varía mucho en función del perfil?
Muchos pueden demandar lo mismo, los síntomas son similares. Gestión de la incertidumbre, legitimar la tristeza, el dolor, el impacto… Buscar información veraz y evitar la sobreinformación y la sobreexposición también sirve en todos los casos. Todo esto puede frenar un poco el desarrollo y avance de la gestión emocional, el procesamiento.
¿Cuáles son las fases de ese proceso emocional y cómo las acompañan?
Lo primero es el shock traumático. Todos tenían pensado llegar a Sevilla y su mente no tiene capacidad de procesar qué ha pasado. Ese shock en espacio tiempo es muy frecuente. Muchos de ellos nos contaban en las llamadas que iban durmiendo y se han despertado volando. Alguien les ayuda o salen por su propio pie y empiezan a tomar contacto con lo que ha pasado, con la realidad, y lo primero es situarlos: «Estás en un pueblo de Toledo, has sufrido un accidente». Que se puedan concentrar en una conversación con alguien y puedan saber cómo se llaman.
Otra cosa que nos pasó el miércoles es que la generación Z, que son digitales, habían perdido el móvil y no se sabían el teléfono de nadie. Después hay que ayudarles a gestionar esa incertidumbre que van a tener por localizar a sus familiares. Lo segundo, si no necesitan atención médica urgente, es acercarles a familiares o amigos que les den ese calor del entorno. Yo, aunque sea una profesional, soy una desconocida. El accidente sucedió en una zona en la que unos fueron trasladados a Ciudad Real y otros a Toledo. Y hay que ayudarles a encontrar esas famosas listas, es un trabajo más logístico. La información les va sacar de ese estado.
¿Y después de ese primer impacto?
Empieza la ansiedad, se pueden incluir ejercicios de relajación, recomendaciones. «¿Dónde te gusta ir? ¿Qué suele hace para sentirse bien?». Cuando un familiar nos da el relevo, por mucho que le contemos a la persona afectada hay que explicárselo también al familiar.
Imagino que en este caso, como es la segunda gran catástrofe ferroviaria en un año, el accidente puede dejar un trauma casi en toda la sociedad. ¿Cómo conviene gestionarlo?
Claro, el proceso de identificación es muy fácil para cualquiera. Muchos cogemos un tren a diario, o lo vamos a coger, es un medio de transporte bastante generalizado. Entonces es importante legitimar ese nerviosismo que la gente ha podido tener cogiendo el ave. Ese estado de alerta, hipervigilancia, nerviosismo son normales porque los estímulos, el tren, la velocidad, son los mismos. Pero lo recomendable no es evitar, la evitación siempre refuerza el miedo y la exposición nos hace ir ganando confianza. Lo recomendable es retomar la vida con normalidad, las rutinas de coger el tren con normalidad, confiar. Hay que tener claro que los accidentes no se pueden prever y por eso son accidentes.
Y en vuestro caso, ¿cómo os protegéis como profesionales expuestos a tanto dolor?
El autocuidado, claro. Ya tenemos experiencia, pero sí que es importante dedicarle un tiempo concreto, las horas que tocan, el turno. Luego está bien comentarlo entre nosotros: ‘¿A ti quien te ha tocado? A mi ….’ Y luego desconectar también, retomar tu vida, irte a tu deporte, enfriar un poco esa parte de la cabeza y de las emociones que, por supuesto, están implicadas también en nosotros.








