El primer mapa mundial de la red de hongos subterráneos

Imagen de hongos

Bajo el suelo que pisas ahora mismo existe una red. No la ves, no la notas, pero lleva millones de años funcionando. Es una red de hongos microscópicos que crece en simbiosis con las raíces de las plantas, transporta carbono y nutrientes entre ellas y regula el clima de la Tierra. Y hasta junio de 2026, no teníamos ni idea de dónde estaba exactamente ni cuánto había.

Un equipo científico internacional acaba de publicar en la revista Science los primeros mapas mundiales que estiman la distribución y masa de estas redes. El resultado: una longitud total de 110 mil billones de kilómetros — mil millones de veces la distancia de la Tierra al Sol — y una masa de carbono equivalente a entre 4 y 6 veces la de todos los seres humanos vivos.

Qué son exactamente estas redes y por qué sostienen la vida en la Tierra

Los hongos micorrízicos arbusculares son organismos microscópicos que viven en simbiosis con las raíces de más del 70% de las especies de plantas terrestres. La simbiosis funciona así: las plantas capturan carbono de la atmósfera mediante la fotosíntesis y parte de ese carbono lo envían bajo tierra a los hongos. A cambio, los hongos ayudan a las plantas a acceder a nutrientes como fósforo, nitrógeno y agua, a través de unas estructuras filiformes llamadas hifas que se extienden mucho más allá de las propias raíces.

La escala de este intercambio es difícil de asimilar. Se estima que estas redes fijan anualmente alrededor de 1.000 millones de toneladas de carbono en el suelo — aproximadamente el 11% de las emisiones anuales de CO₂ de origen humano. Son, en efecto, el sistema circulatorio subterráneo del planeta.

Cómo se hizo el mapa: 16.000 muestras y aprendizaje automático

El trabajo fue liderado por Justin Stewart, investigador de la Universidad Vrije de Ámsterdam y asociado a la Sociedad para la Protección de Redes Subterráneas (SPUN). El equipo recopiló datos de densidad de red a partir de más de 16.000 muestras de suelo recogidas en estudios locales e independientes de todo el planeta — desde desiertos hasta tundras y bosques tropicales.

Con esos datos desarrollaron modelos de aprendizaje automático que predecían la densidad de la red en ecosistemas no muestreados directamente. Para calibrar el modelo, trabajaron con el Instituto de Biofísica AMOLF de los Países Bajos, que fotografió robóticamente más de 300.000 hifas de hongos de redes vivas en laboratorio.

«Podría haber hasta 10 metros de red micorrízica en tan solo una cucharadita de tierra», señaló Stewart. El equipo también creó una visualización interactiva a escala mundial disponible en abierto — la primera vez que se observa la infraestructura fúngica de la Tierra a esta escala y resolución.

Lo que el mapa reveló: dónde están y dónde son más densas

Los mapas muestran que los ecosistemas de pastizales contienen alrededor del 40% de toda la biomasa de micorrizas arbusculares del mundo. Las densidades más altas se encuentran en las praderas inundadas de Sudán del Sur, los Everglades de Florida y la meseta tibetana.

El estudio también revela que las redes de hongos son 50 veces más largas que las raíces finas de todas las plantas de la Tierra. Son importantes no solo en ecosistemas naturales —donde favorecen el crecimiento vegetal, la estructura del suelo y el ciclo del carbono— sino también en ecosistemas agrícolas, donde unas redes fúngicas sanas pueden influir directamente en la fertilidad del suelo y la productividad de los cultivos.

Por qué este mapa es un hito para la ciencia y la conservación

Hasta ahora, la ciencia sabía que estas redes existían y que eran importantes, pero no tenía una imagen completa de dónde estaban, cuánto había ni cómo se distribuían globalmente. Cartografiarlas cambia la ecuación: los gobiernos y los responsables de conservación tienen por primera vez datos reales para empezar a supervisar la salud de estas comunidades fúngicas y tomar decisiones basadas en ellas.

«No podemos proteger lo que no conocemos», resumió Stewart. «Si describimos un bosque limitándonos a decir que tiene tres especies de árboles, sabemos algo sobre su biodiversidad, pero no sobre su estructura. Cartografiar las redes fúngicas nos proporciona esa perspectiva de escala que nos faltaba.»

Todos los datos de las redes mundiales están disponibles para su descarga pública para que investigadores, gobiernos y organizaciones de conservación puedan empezar a usarlos de inmediato.

El planeta llevaba millones de años construyendo esto. Tardamos hasta 2026 en verlo.

El suelo bajo tus pies no es tierra muerta. Es el sistema más antiguo y más vivo de la Tierra. Y por fin tenemos el mapa para entenderlo.

Fuentes:

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