Hay artistas que trabajan con mármol, con óleo, con luz. Artur Bordalo trabaja con lo que nadie quiere. Neumáticos viejos, chatarra, parachoques, electrodomésticos rotos, plástico desechado. Lo recoge en vertederos, fábricas abandonadas y calles de todo el mundo. Lo lleva a su taller en Lisboa. Y con eso construye animales gigantes que aparecen en ciudades de Europa, América y Asia.
Se hace llamar Bordalo II. Y lleva 12 años demostrando que lo que para el mundo es basura, para él es una oportunidad.
El abuelo, el graffiti y las Bellas Artes
Artur Bordalo nació en Lisboa en 1987 y creció entre dos mundos. Por un lado, el estudio de su abuelo — el pintor costumbrista Artur Real Bordalo, cuya pasión por la acuarela y el óleo marcó su infancia. Por otro, las calles de Lisboa, donde empezó a hacer graffiti con 11 años.
Estudió pintura en la Facultad de Bellas Artes de Lisboa, donde descubrió la escultura y la cerámica. Pero su verdadero laboratorio siempre fue el espacio público. Eligió el nombre artístico Bordalo II como homenaje a su abuelo — para promover, en sus propias palabras, «una continuidad y reinvención de su legado artístico».
Big Trash Animals: 200 esculturas y 60 toneladas de materiales
En 2012, Bordalo II empezó su serie más reconocida: Big Trash Animals. La idea es tan simple como impactante — construir animales de gran formato usando exclusivamente materiales desechados, y colocarlos en espacios públicos de ciudades de todo el mundo.
Su proceso empieza siempre igual: Bordalo no compra materiales. Los recoge. Visita vertederos, fábricas abandonadas y calles en busca de tuberías, neumáticos, electrodomésticos rotos y chatarra de todo tipo. Lo lleva a su taller, lo colorea con aerosol y lo transforma en animales que pueden medir varios metros de altura. Desde 2012 ha completado más de 200 esculturas usando más de 60 toneladas de materiales que nadie quería.
La elección de los animales no es casual. Bordalo suele decantarse por especies autóctonas, en peligro o en extinción. El objetivo es generar una conexión emocional entre el espectador y el animal — y a través de esa conexión, provocar una reflexión sobre los hábitos de consumo que amenazan a esas mismas especies.
«Mi bien es el mal del mundo»
Cuando le preguntan cómo encuentra materiales, Bordalo II tiene una respuesta que lo dice todo: «Desafortunadamente, nunca tengo problemas para conseguir más chatarra. Mi bien es el mal del mundo.»
En esa frase está el corazón de su trabajo. No se trata solo de reciclar materiales — se trata de hacer visible algo que preferimos ignorar. Bordalo no te explica la contaminación con datos ni con estadísticas. Te pone un oso gigante hecho de neumáticos en medio de la ciudad. Y eso es mucho más difícil de ignorar.
Sus obras han sido instaladas en Lisboa, Berlín, Singapur, Boston y decenas de ciudades más. Cada nueva escultura es, simultáneamente, una obra de arte y una pregunta incómoda sobre el mundo que producimos.
El arte que te hace ver lo que preferirías ignorar
Bordalo II pertenece a una generación de artistas que entienden el espacio público como un lugar de conversación — no de decoración. Sus animales no están en galerías cerradas donde el acceso requiere una entrada. Están en la calle, donde cualquiera puede encontrarlos sin haberlos buscado.
Y eso es exactamente lo que los hace poderosos. No te pide que vayas a ver arte. El arte aparece en tu camino. Con sus metros de altura, sus colores vibrantes y su composición de residuos, te obliga a detenerte. A mirar. A preguntarte de dónde viene todo eso. Y adónde va.
¿Crees que el arte puede cambiar la forma en que vemos el mundo?
Bordalo II lleva 12 años respondiendo que sí. Con neumáticos, con chatarra y con todo lo que nadie quiere.
Fuentes:








