Hay un tipo de plástico tan pequeño que no lo puedes ver, ni sentir, ni atrapar con un filtro común. Se cuela en el agua que bebemos y en los suelos que pisamos, y hasta ahora, sacarlo de ahí era casi imposible. Un equipo de investigadores del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM), centro del CSIC, acaba de encontrar una respuesta a ese problema — y tiene forma de flor.
El estudio, publicado en la revista científica Chemical Engineering Journal, demuestra que una partícula magnética diseñada por el equipo puede capturar hasta diez veces su propio peso en nanoplásticos. Pero el hallazgo no termina en la captura: el propio residuo atrapado se convierte después en una nueva herramienta para eliminar otros contaminantes del agua, como los metales pesados.
El plástico que no podemos ver es el más difícil de eliminar
Se llama nanoplástico: un fragmento de plástico tan diminuto que ya no se mide en milímetros, sino en nanómetros — la milmillonésima parte de un metro. Es, literalmente, mil veces más pequeño que los microplásticos de los que ya se suele hablar, y su tamaño es justo lo que lo hace tan difícil de retirar: se escapa de los filtros convencionales de las plantas de tratamiento de agua.
Gran parte de este plástico invisible proviene del PET (tereftalato de polietileno), uno de los materiales más usados del mundo, presente en botellas, envases y fibras textiles de poliéster. Cuando termina su vida útil y queda expuesto al ambiente, la luz del sol y el roce constante lo desgastan poco a poco, casi como una lija, hasta convertirlo en un polvo finísimo que termina en el agua y en el suelo.
La respuesta: una partícula magnética con forma de flor
El equipo del ICMM-CSIC diseñó nanopartículas de óxido de hierro con una estructura en forma de flor. No es solo un detalle estético: esa forma le da a la partícula varios núcleos que trabajan juntos, lo que mejora su capacidad magnética y le permite atrapar más plástico invisible del que se había logrado capturar hasta ahora.
No es la primera vez que este equipo trabaja con esta tecnología. En 2024, ya habían demostrado que estas nanopartículas podían extraer y degradar microplásticos procedentes de productos cosméticos. El nuevo estudio da un paso más: ahora la partícula es capaz de atrapar residuos mil veces más pequeños que los de aquella primera investigación.
Economía circular: el plástico atrapado se convierte en herramienta
Lo más singular del hallazgo llega después de la captura. Una vez que la nanoflor magnética atrapa el nanoplástico, se queda adherida a él, y juntos forman un nuevo material híbrido con propiedades magnéticas. Ese material puede usarse, a su vez, para retirar del agua otras sustancias contaminantes, como metales pesados y colorantes orgánicos.
Álvaro Gallo-Córdova, investigador del ICMM-CSIC y uno de los autores principales del trabajo, lo resume así: “utilizamos el propio contaminante para ayudar a eliminar otros contaminantes”, cerrando el ciclo y dándole una segunda vida a un residuo que normalmente se consideraría un desecho. Es, en esencia, economía circular aplicada al tratamiento del agua.
Un material reutilizable, listo para salir del laboratorio
El equipo también puso a prueba la resistencia del material: tras cinco ciclos de uso, conservó el 88% de su capacidad descontaminante, liberando al agua menos del 0,82% del hierro que lo compone. Es decir, no se desgasta con el uso — se puede reutilizar una y otra vez.
Actualmente, las plantas de tratamiento de residuos dependen de procesos a gran escala con un coste elevado. El objetivo del equipo del ICMM es que esta tecnología, todavía en fase de laboratorio, pueda convertirse en una alternativa real dentro de las tecnologías de tratamiento avanzado de agua.
A veces la solución más grande cabe en algo que no puedes ver a simple vista. Un problema invisible acaba de encontrar una respuesta igual de pequeña — y mucho más poderosa de lo que imaginábamos.
¿Qué otro problema «invisible» crees que la ciencia debería resolver?
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