Hay algo que los jóvenes están haciendo en las plazas de México y España que los adultos llevamos años sin hacer. Salir a un espacio público, hacer algo absurdo con total convicción y dejar que los demás decidan si tienes carisma o no. Sin filtros, sin edición, sin red de seguridad.
Se llama farmear aura. Y aunque pueda parecer una broma de internet, los psicólogos dicen que lo que revela sobre nuestra sociedad merece una segunda mirada.
En algún momento, los adultos dejamos de hacer el ridículo. Y lo normalizamos.
Nos volvimos serios. Medidos. Perfectos en LinkedIn, curados en Instagram, productivos en todo momento. El miedo a hacer el ridículo no nos lo enseñó nadie de forma explícita — simplemente lo fuimos aprendiendo. Cada vez que alguien se rió de nosotros en público. Cada vez que moderamos un gesto espontáneo porque «no era el momento». Cada vez que preferimos no bailar porque «no somos buenos».
Y mientras tanto, una generación entera estaba desarrollando un idioma propio para hacer exactamente lo contrario.
Qué es farmear aura y cómo pasó de TikTok a las plazas
«Farmear» viene del mundo de los videojuegos — significa realizar acciones repetidas para acumular recursos o puntos. «Aura» dejó atrás su significado espiritual para convertirse en la jerga de internet en algo más concreto: el carisma invisible que proyecta una persona, su presencia, su capacidad para llamar la atención sin esfuerzo aparente.
La expresión empezó a circular en TikTok desde enero de 2024, en comunidades vinculadas con videojuegos, anime y memes. Su detonante fue un joven indonesio llamado Ryan Ankaraan — en internet conocido como Rayyan — que apareció en un vídeo practicando una tradición local con una calma y una presencia tan llamativas que internet reinterpretó la escena con el lenguaje del meme. El Gobierno de su provincia lo nombró embajador de turismo.
En 2026, el fenómeno dio un salto: las batallas de aura dejaron de ser virtuales y se volvieron presenciales. Jóvenes comenzaron a organizar encuentros en espacios públicos — plazas, malecones, parques — donde dos participantes compiten con gestos, poses, movimientos y referencias a memes para generar la mayor reacción posible en el público. No hay puntuación objetiva. El público decide con los aplausos.
Uno de los primeros encuentros ampliamente difundidos ocurrió en la Macroplaza del Malecón de Veracruz, México, convocado por el usuario de TikTok @PuliFks. En agosto de 2026 ya había convocatorias en Ciudad de México con premios económicos. En España, el formato llegó a A Coruña y Vigo.
Lo que dice la psicología: no importa lo que hagas, sino la seguridad con que lo haces
Los psicólogos consultados por distintos medios coinciden en algo: farmear aura no es una broma sin sentido. Es un espacio para explorar la expresión personal con reglas claras y consecuencias bajas.
«No se trata de agredirse, sino de demostrar quién consigue transmitir más seguridad, carisma o presencia», explica Alejandra García Mundi, psicóloga de yees!. La regla no escrita más importante de las batallas de aura, según los especialistas, es esta: hagas lo que hagas, hazlo con convicción. Contra más absurdo pero con mayor seguridad, más aura.
Desde la psicología del desarrollo, esto tiene sentido. Los adolescentes y jóvenes están en una etapa de construcción de identidad — necesitan explorar quiénes son frente a los demás, probar límites y ganar confianza en contextos sociales. Las batallas de aura ofrecen exactamente eso: un escenario donde experimentar la mirada pública en un formato de juego, donde el fracaso no tiene consecuencias reales.
El doctor Harry Campos Cervera, psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina, advierte que el concepto se vuelve psicológicamente relevante cuando la persona pasa de jugar con la valoración social a depender de ella. Pero para la mayoría, dice, farmear aura es simplemente jugar — compartir un código generacional y explorar la presencia pública desde la seguridad del juego.
Por qué se está viralizando ahora: hacer el ridículo es un acto radical en 2026
Vivimos en una sociedad obsesionada con la imagen perfecta. Las redes sociales nos enseñaron a curar cada momento antes de publicarlo — a esperar la luz correcta, el ángulo adecuado, el pie de foto que genere engagement. La espontaneidad quedó relegada a algo que se planifica con antelación.
Farmear aura es lo contrario de todo eso. Es presencial, impredecible e imperfecto por diseño. No se puede editar ni filtrar. El público está ahí, en tiempo real, y no hay opción de borrar y repetir. En ese contexto, hacer algo absurdo con total convicción — sin buscar la aprobación, sin pedir permiso — se convierte en un gesto genuinamente disruptivo.
Y quizás eso explique por qué conecta tanto con los adultos que lo observan, aunque no lo admitan. Porque en el fondo reconocemos algo que perdimos — la capacidad de actuar sin calcular primero el riesgo de quedar mal.
No es una tendencia estúpida. Es una generación que decidió que la aprobación de los demás no define lo que vale.
¿A qué le tienes más miedo, a equivocarte o a que te vean equivocarte?
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