En 2020, Joan Cedó Sans acogió a unos burros que iban a ser abandonados. No tenía ningún plan elaborado. Solo quería darles una oportunidad. Lo que no sabía es que esa decisión — tomada casi por impulso — acabaría convirtiéndose en una de las iniciativas de prevención de incendios forestales más originales y eficaces de España.
Hoy, Tivissa Donkeys Firefighters — la organización sin ánimo de lucro que fundó ese mismo año — cuida de una manada de 62 burros rescatados que pastan por las montañas del sur de Cataluña abriendo cortafuegos naturales. Sin subvenciones estatales. Sin tecnología sofisticada. Con burros, voluntad y una idea que resultó ser mucho más antigua y efectiva de lo que nadie esperaba.
Cómo empezó: un experimento sin plan que se lo comió todo
Joan Cedó es el alcalde de Tivissa, un pequeño municipio de la comarca de la Ribera d’Ebre en Tarragona. Lleva años viendo cómo los incendios amenazan el entorno mediterráneo que lo rodea — en 2013, el fuego arrasó cerca de sus propias tierras. Cuando en 2020 tuvo la oportunidad de acoger a unos burros que iban a ser abandonados, decidió probar si podían ayudar a despejar el sotobosque.
«Se lo comieron todo», dijo. El experimento funcionó de una forma que superó cualquier expectativa. Los burros pastaron las hierbas secas más inflamables, pisaron el terreno con su peso rompiendo la capa de vegetación continua que necesita el fuego para propagarse, y abrieron senderos naturales por los que — en caso de incendio — pueden pasar las mangueras de los bomberos.
Lo que empezó como un experimento se convirtió en una operación a tiempo completo. Cedó dejó el día a día en manos de Jordi García, un voluntario que se incorporó en 2021. «Es muy gratificante», declaró García. «Estás en plena naturaleza y les hemos dado una oportunidad a estos animales».
Roberto, Paloma y los 62 burros con segunda oportunidad
Cada uno de los 62 burros de Tivissa llegó con una historia de maltrato o abandono detrás. Roberto era un antiguo burro de carreras enviado al matadero cuando dejó de ganar por su complexión robusta. Paloma llegó con un problema de obesidad severa: su anterior dueño la había alimentado a base de galletas de supermercado y terrones de azúcar.
«Es especial, y creo que lo sabe», dijo Cedó sobre Roberto. Y sobre Paloma: «Eso no es dieta para un animal así… También es una forma de maltrato.»
En Tivissa encontraron manada, atención veterinaria de un profesional voluntario y un suplemento alimenticio de las sobras que donan granjas locales y un parque de atracciones cercano. Y encontraron propósito. «Les damos una vida digna», resume Cedó. «Vivir en manada y prevenir incendios les proporciona eso: una vida digna.»
Por qué los burros y no otra tecnología
La prevención de incendios forestales se ha convertido en un campo de alta tecnología: satélites, drones, sistemas de inteligencia artificial. Pero a 130 kilómetros al sur de Barcelona, la solución pasta tranquilamente por la montaña.
El Dr. Jordi Bartolomé Filella, profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ecología de herbívoros, explica por qué funcionan: los burros prefieren las hierbas que se secan en verano y forman el llamado «combustible fino» — la biomasa vegetal que se prende con más facilidad y acelera la propagación del fuego. Además, al pesar más que cabras u ovejas, cada pisada rompe con más eficacia la continuidad de la vegetación seca.
Diversos estudios han demostrado que el pastoreo puede ser una defensa eficaz y más barata que abrir cortafuegos con maquinaria. «Es difícil garantizar que con ganado pastando no habrá incendios», matiza Bartolomé, «pero sí se puede conseguir que sean de menor intensidad y, por tanto, más fáciles de extinguir.»
Una idea ancestral que está volviendo
Cedó no inventó nada nuevo. Se inspiró en «El Burrito Feliz», una organización pionera del sur de España cuyos burros rescatados pastan desde 2014 en los márgenes del Parque Nacional de Doñana. Y desde entonces, iniciativas similares han ido surgiendo en distintos puntos del país y del mundo.
En Galicia, proyectos de rewilding están recuperando caballos salvajes de una raza en peligro de extinción para que actúen como cortacéspedes naturales en una de las regiones más propensas a los incendios de España. Por otro lado, en Cataluña, la iniciativa Ramats de Foc conecta a pastores de ovejas y cabras con bomberos locales — y la carne y el queso de esos rebaños se vende con un sello de prevención de incendios para financiar el proyecto. En California, cientos de cabras fueron liberadas en Pasadena para pastar en más de 40 hectáreas de hierbas inflamables.
«No estamos haciendo nada que no hicieran nuestros antepasados», reflexiona Cedó. Durante miles de años, los animales mantuvieron a raya las zonas secas del Mediterráneo. Cuando los apartamos del paisaje, el monte se llenó de combustible. La solución, en muchos casos, era recordar algo que ya sabíamos.
Joan no tenía un plan. Solo unos burros que necesitaban una oportunidad. Y eso fue suficiente.
¿Cuándo fue la última vez que resolviste algo de una forma que nadie esperaba?
Fuentes:









