Hay personas que esperan toda su vida a sentirse listas para hacer algo. Kandy García esperó también — pero no por miedo. Esperó porque tenía otras cosas que hacer primero: gestionar un camping, estudiar Derecho, ejercer como abogada durante más de veinte años. Cuando por fin llegó su turno, tenía 66 años y una mochila de cinco kilos.
Hoy tiene 91, más de 70 países visitados y un número de WhatsApp que deja en los comentarios de Instagram para que otras mujeres mayores se unan a sus próximos viajes. Lo que empezó como un sueño personal se convirtió en una comunidad.
Una vida antes de la mochila
Cándida García Santos nació el 29 de marzo de 1935 en Íscar, un municipio de la provincia de Valladolid. Desde joven tuvo claro que quería ver el mundo, pero la vida le fue poniendo otras prioridades por delante. Durante años ayudó a sus padres a gestionar un camping en Oyarzun, en el País Vasco. Después estudió Derecho y ejerció como abogada especialista en Derecho penal y civil.
El viaje quedó aplazado, pero nunca olvidado. Cuando llegó la jubilación a los 66 años, Kandy no dudó. Cogió una mochila, la llenó con cinco kilos de equipaje y emprendió la vuelta al mundo en solitario. Los periódicos empezaron a fijarse en aquella jubilada que compartía habitación con mochileros de veinte años mientras cruzaba continentes.
Cómo viaja Kandy: sin lujos, sin maletas, sin excusas
La filosofía de viaje de Kandy es tan sencilla como radical. Nunca factura maletas — su mochila nunca supera los cinco kilos. Lava su ropa cada noche y la vuelve a usar al día siguiente. Usa transporte público en todos los países que visita. Come en la calle, donde come la gente local, para conocer la cultura de verdad.
«Nunca facturo. Aprendí que no debes cargar más del 10% de tu peso corporal. Además, al final del día lavo yo misma la ropa y vuelvo a utilizarla», cuenta. Y cuando alguien le pregunta si no le importa repetir ropa en las fotos, su respuesta es directa: «¿Qué más da repetir vestido en las fotos? Esto no es un desfile de modelos.»
Su lema lo resume todo: «Prefiero cansarme que oxidarme.» A sus 91 años, Kandy no habla del envejecimiento como un proceso inevitable de ralentización sino como algo que se puede elegir resistir activamente. «Tengo tantas cosas que hacer que no me da tiempo a envejecer», asegura.
De viajar sola a llevar a otras mujeres con ella
Lo que quizás hace más singular la historia de Kandy no es que viaje sola a los 91 años — es que ya no viaja sola. En su cuenta de Instagram, @abuelitamochilera, donde comparte sus aventuras con miles de seguidores, Kandy organiza viajes grupales para mujeres mayores que quieren ver el mundo pero nunca se habían atrevido a hacerlo.
En abril de 2026, un grupo de mujeres llegó con ella al aeropuerto de Dubrovnik, en Croacia. En los comentarios de esa publicación, alguien le preguntó cómo podía viajar con ella. Kandy respondió con su número de WhatsApp. Así de sencillo y así de real: una mujer de 91 años construyendo comunidad desde Instagram, un viaje a la vez.
La historia de Kandy conecta con algo más amplio que está ocurriendo en la sociedad: el cuestionamiento de lo que se supone que debe hacer una persona mayor. Durante décadas, la jubilación se asoció con el descanso, la quietud y el repliegue. Kandy representa exactamente lo contrario — y lo hace sin discursos, simplemente mostrando lo que está viviendo.
El libro y los casi 30 años de aventuras
En 2009, Kandy publicó su libro «Abuelita mochilera: vuelta al mundo en solitario», donde recogió sus primeras experiencias como viajera jubilada. Desde entonces no ha parado. Ha convivido con comunidades indígenas, ha cruzado continentes en solitario y ha acumulado casi tres décadas de historias que comparte con sus seguidores.
Los veranos los aprovecha para ordenar recuerdos, escribir sus diarios de viaje y planificar su próxima aventura. Porque para Kandy, la pregunta nunca es si habrá otro viaje — sino cuándo y adónde.
¿Cuántos sueños estás dejando para después sin fecha de después?
Kandy tenía 66 años cuando empezó. No esperó a tener más dinero, ni a que alguien la acompañara, ni a sentirse lista. Simplemente fue. Y lleva casi treinta años sin arrepentirse.
Fuentes:







