No tenía título de abogada. No tenía respaldo institucional. Tenía dos hijos, facturas que pagar y una corazonada: que una empresa estaba envenenando el agua de una comunidad entera en California y nadie estaba haciendo nada.
Erin Brockovich no solo tenía razón. También ganó. En 1996, logró el mayor acuerdo extrajudicial en la historia de Estados Unidos contra una sola empresa: 333 millones de dólares para los 634 residentes de Hinkley, California, afectados por el cromo-6 que Pacific Gas & Electric había vertido ilegalmente en el agua subterránea durante décadas.
Treinta años después, sigue en las trincheras.
El caso que lo cambió todo
A principios de los 90, Brockovich trabajaba como empleada administrativa en un pequeño despacho de abogados en California. Revisando documentos de un caso de bienes raíces, encontró algo que no encajaba: registros médicos mezclados con expedientes inmobiliarios.
Tiró del hilo. Descubrió que PG&E llevaba décadas contaminando el agua subterránea de Hinkley con cromo hexavalente, un compuesto cancerígeno, mientras aseguraba a los vecinos que era inofensivo. Los residentes sufrían tasas anormalmente altas de cáncer, problemas renales y enfermedades neurológicas.
El caso, que parecía imposible de ganar, terminó con el mayor acuerdo extrajudicial de la historia estadounidense hasta ese momento. Y convirtió a Brockovich en símbolo de algo que la gente necesitaba creer: que una sola persona, sin poder ni recursos, puede plantar cara a una corporación y ganar.
Julia Roberts, el Oscar y el impacto global
En 2000, Steven Soderbergh llevó la historia de Brockovich al cine. Julia Roberts la interpretó con una energía sin filtros que le valió el Oscar a Mejor Actriz en 2001. La película recaudó 256 millones de dólares globalmente y puso el problema del agua contaminada en la conversación pública de todo el mundo.

Pero lo que muchos no saben es que, mientras la película se estrenaba, Brockovich ya estaba trabajando en el siguiente caso. Y en el siguiente. Y en el siguiente.
26 años sin parar: de Missouri a West Virginia
En las tres décadas siguientes, Brockovich lideró demandas anticontaminación en Missouri, Texas y Nueva York. Publicó en 2010 el libro Superman’s Not Coming: Our National Water Crisis and What We the People Can Do About It, una denuncia directa de la crisis nacional del agua potable.
Su trabajo más reciente la llevó a Wayne County, West Virginia. El 16 de enero de 2026, 4.900 galones de aceite de transformador se vertieron en el Twelvepole Creek tras un acto de vandalismo en una subestación eléctrica, dejando a miles de residentes sin agua potable. Brockovich se involucró de inmediato, trabajando con el experto Bob Bowcock para llevar carbono activado a la planta de tratamiento municipal.
«Wayne County, West Virginia — I see you», escribió en Facebook. «Lo que están viviendo es serio, y sus voces importan.»
El problema que Brockovich lleva décadas señalando
Su persistencia no es casual. La crisis del agua en EE.UU. es real y creciente: 2,2 millones de americanos siguen sin acceso a agua corriente, según la CDC Foundation. Lake Mead, el mayor embalse del país, estaba en febrero de 2026 al 34% de su capacidad. Y los centros de datos de inteligencia artificial podrían cuadruplicar el consumo de agua en EE.UU. para 2028.
En enero de 2026, la ONU advirtió que el mundo ha entrado en una era de «quiebra hídrica» — en la que la demanda supera de forma estructural la capacidad de recuperación de los sistemas naturales de agua.
«La esperanza es que cuando la gente sabe mejor, actúa mejor. Y se levanta. Voy a creer eso hasta el día que me muera.»
Nadie la nombró. Nadie la eligió. Simplemente no paró. Y eso cambió la vida de miles de personas que no tenían a nadie más.
Fuentes:








