Imagina estar en la sala de espera del médico, esperando tu turno para hablar de anticonceptivos. Una enfermera te entrega una tablet y te pide que juegues un videojuego. Encuentras a Laila y Caleb, una pareja que necesita elegir un método anticonceptivo. Su situación se parece a la tuya. Y ayudarles a decidir te ayuda a decidir a ti.
Esto no es ciencia ficción. Es What’s My Method?, un videojuego desarrollado por Elena Bertozzi y su equipo en SolitonZ Games que está cambiando la forma en que los jóvenes aprenden sobre salud reproductiva.
El problema: 10 minutos no alcanzan
La educación en salud tiene un problema estructural: la información llega en formatos que los pacientes no entienden o no quieren leer. Folletos densos, webs complicadas, consultas de diez minutos con el médico en las que hay que decidir cosas que afectarán al cuerpo durante meses o años.
Para los jóvenes, hablar de salud sexual en ese contexto es especialmente difícil. La vergüenza, la falta de vocabulario y el poco tiempo disponible hacen que muchos salgan de la consulta sin entender del todo sus opciones.
Los videojuegos, en cambio, proporcionan información específica en un contexto que los jugadores no solo entienden, sino que también habitan. Permiten probar diferentes comportamientos a través de avatares para ver cómo resultan, y la empatía que generan esos avatares refuerza el aprendizaje.
Cómo funciona What’s My Method?
El jugador acompaña a Laila y Caleb mientras evalúan distintos métodos anticonceptivos: su estilo de vida, la fisiología de Laila, sus preferencias. Cada decisión tiene consecuencias en el juego. Y cada consecuencia enseña algo real sobre cómo funciona cada método.
El equipo está probando si jugar ayuda a las personas a elegir un método anticonceptivo con más criterio y les facilita tener conversaciones más productivas con su médico. Los resultados preliminares son prometedores.
El juego está disponible de forma gratuita y ha sido probado en Estados Unidos, India, Barbados y Ghana — demostrando que funciona en contextos culturales muy distintos.
El dato que lo cambia todo: un 40% más de vacunación
What’s My Method? no es el primer juego de salud del equipo. En 2012, desarrollaron Flu Busters! junto con médicos de un hospital de Nueva York para animar a las familias de niños gravemente enfermos a vacunarse contra la gripe.
Los resultados fueron contundentes: quienes jugaron tenían un 40% más de probabilidades de vacunarse que quienes no lo hicieron. El juego no les decía lo que tenían que hacer — les dejaba experimentar lo difícil que es evitar el contagio en el día a día y cómo la vacuna puede ayudar.

No es el único: los videojuegos ya están transformando la salud
El equipo de Bertozzi también desarrolló Activate My Shield!, un juego para combatir la desinformación sobre vacunas durante la pandemia de COVID-19. Para abordar el bulo de que las vacunas contenían microchips, el juego pedía a los jugadores que intentaran meter un microchip en una aguja — y experimentar lo imposible que es ayudaba a entender que no era una preocupación legítima.
Más allá de este equipo, otros grupos de investigación están desarrollando juegos para ayudar a personas con VIH a seguir su tratamiento, para que los adolescentes eviten el vapeo o para que niños con asma gestionen su enfermedad. Y en 2020, la FDA autorizó EndeavorRx — el primer videojuego aprobado como terapia de prescripción para mejorar la atención en niños con TDAH.
La mejor forma de llegar a los jóvenes es donde ya están: en sus manos, en sus pantallas, a través de lo que ya disfrutan hacer.
Y si de paso aprenden a tomar mejores decisiones sobre su salud, eso sí que vale la pena.
Fuentes:









