22 pacientes trasplantados posaron con sus cicatrices pintadas en oro para una exposición en España.

Exposición 'El valor de las cicatrices' en el Hospital Río Carrión - Palencia'.

En Japón existe una filosofía llamada Kintsugi: el arte de reparar las piezas rotas con oro, para que las grietas no se escondan sino que brillen. La idea es que lo que se ha roto y reparado es más bello — y más valioso — que lo que nunca se ha roto.

La exposición fotográfica ‘El Valor de las Cicatrices’ aplica exactamente esa filosofía a las cicatrices de 22 personas que han recibido un trasplante de hígado en España. Sus marcas quirúrgicas, repasadas con pan de oro, se convierten en el centro de cada retrato. No para esconderlas. Para celebrarlas.

Qué es la exposición y quién la organiza

La muestra es una iniciativa de la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos (FNETH) y la Asociación de Personas Enfermas y Trasplantadas Hepáticas de Castilla y León (PETHCyL). Recorre hospitales trasplantadores de toda España desde 2022, y actualmente puede visitarse en el vestíbulo de consultas externas del Hospital Río Carrión de Palencia hasta el 25 de mayo de 2026.

Las 22 fotografías retratan a pacientes de todas las edades — niños, adolescentes y adultos — que han recibido un trasplante de hígado. Cada imagen muestra la cicatriz quirúrgica repasada con pan de oro, en referencia directa al Kintsugi japonés.

«Queremos empoderar a las personas que han vivido un proceso de trasplante, convirtiendo su cicatriz en algo bello — un símbolo de fuerza y vida en una sociedad que muchas veces rinde un culto excesivo a la imagen impecable», explica Daniel Benito Pérez, secretario de PETHCyL.

Exposición 'El valor de las cicatrices' en el Hospital Río Carrión - Palencia'.
Exposición ‘El valor de las cicatrices’ en el Hospital Río Carrión – Palencia’.

Las historias detrás de las cicatrices

Cada retrato tiene una historia. La exposición recoge casos que van desde los inicios del sistema de trasplantes en España, en los años 80, hasta casos pediátricos recientes.

Montse Collado fue trasplantada en 1986, cuando apenas se habían realizado en el mundo unos pocos trasplantes de hígado. Hoy lo recuerda con gratitud: «Nunca escondí mi cicatriz. Me salvó la vida y me permitió ver crecer a mis hijos.»

Isaac Belloso, de 16 años, fue trasplantado en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla tras un fallo hepático agudo. Entró en código cero: necesitaba un hígado en 24 horas para sobrevivir. Hoy lleva una vida normal.

Julia fue trasplantada a los 8 años por una enfermedad rara llamada Atresia de las Vías Biliares. Su hígado, procedente de un donante cadáver, le permite hoy llevar una vida feliz. Su padre lo resume así: «Al principio solo piensas en cuánto vivirá. Luego das gracias por el sistema de salud que tenemos.»

El impacto del trasplante hepático en España

España es uno de los líderes mundiales en trasplante de órganos. Desde 1984, 30.721 personas han recibido un trasplante de hígado en el país. Solo en la última década, se realizaron más de 11.000 trasplantes hepáticos.

Una de las cifras más esperanzadoras: el 90% de los pacientes en lista de espera reciben un trasplante de hígado. Un dato que refleja tanto la generosidad de los donantes como la solidez del sistema sanitario español.

La directora de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Beatriz Domínguez-Gil, lo resume bien: «Si nos centramos en las cicatrices que deja el trasplante hepático, sin duda podemos ser optimistas. Son 30.721 nuevas oportunidades de seguir viviendo.»

Lo que el mundo llama imperfección, ellos lo convirtieron en oro. Literalmente.

Una cicatriz no es el final de la historia. Es la prueba de que la superaste.

Fuentes:

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