Timnit Gebru, Jalila Haider, Levan Katamadze y Mercia Andrews. Sus nombres nunca sonarán tanto como los de los científicos, médicos y literatos que a lo largo de esta semana están recibiendo el premio Nobel y, aún así, sus méritos no tienen nada que envidiarles. El motivo por el que nunca ganarán el premio más prestigioso del mundo es porque su causa, la justicia social y medioambiental, no está contemplada por la Academia Sueca. Para suplir esta carencia surgieron hace más de 45 años los premios Right Livelihood, conocidos popularmente como «los otros» Nobel.
En 1979, al activista, escritor y eurodiputado sueco Jakob von Uexkull se le ocurrió proponer dos premios nuevos a la Fundación Nobel: uno que premiase a la protección del planeta y otro que pusiera el foco en el desarrollo social de todo el mundo y no solo del Norte Global. Para entonces, la ceremonia de los Nobel llevaba casi 80 años celebrándose y, desde su creación en 1901, solo había añadido una categoría a las cinco originales: el premio a las Ciencias Económicas.

La iniciativa de Von Uexkull, como había pasado antes con los intentos de incorporar las disciplinas de la arquitectura, las ciencias ambientales o incluso el ballet al palmarés, fue rechazada. Pero este filántropo no pensaba pararse allí. Creía que era necesario otorgar un espacio a todas las organizaciones y movientos sociales que operaban al margen de la academia y ofrecían soluciones que, por lo general, no merecían la atención de las grandes instituciones internacionales.
Así que vendió su gran colección de sellos, valorada entonces en más de 1 millón de dólares de la época, y se dispuso a crear sus propios premios bajo el título de Right Livelihood, que en español se traduce como sustento adecuado. En 1980 se concedieron los primeros premios justo un día antes de la gran ceremonia de los Nobel. Entonces recayeron en Hassan Fathy, un arquitecto egipcio especializado en construir vivienda social, y Plenty International, una ONG creada en Tennessee para asistir en los desastres ambientales de todo el mundo.
No había categoría como tal en los premios y tampoco un número fijo de ganadores. Desde entonces, cada diciembre, y durante más de 45 años, un jurado formado por especialistas y antiguos premiados repasa cientos de propuestas para seleccionar a los ganadores. Este año, en concreto, se recibieron 200 propuestas de 72 países y, de todos esos, solo salieron cuatro premios que resumimos a continuación y que comparten la característica de ser mujeres con voluntad de enfrentarse a las estructuras de poder tradicional
Jalila Haider, abogada pakistaní

Pionera al ser la primera abogada mujer hazara, minoría musulmana chií, en Pakistán. En su carrera ha luchado por las minorías étnicas, de género y religiosas más castigadas. En 2018, lideró una huelga de hambre de siete días contra los asesinatos selectivos de personas hazaras, también es la fundadora del Frente Democrático de Mujeres y contribuyó a impulsar la primera Marcha de las Mujeres de Baluchistán, todo un hito en la región.
Asamblea de Mujeres Rurales de África Austral

Este movimiento transnacional, horizontal y autogestionado reúne, a lo largo de 11 países de África del Sur, a más de 178.000 mujeres que se denominan “Guardianas de la Tierra, la Vida, las Semillas y el Amor”. Su objetivo es apoyar a las pequeñas agricultoras frente a la presión de las grandes multinacionales y documentar y proteger las semillas de las comunidades indígenas. Desde su creación, el movimiento ha conseguido hitos como la aprobación de una ley zambiana de 2016 que exige la asignación equitativa de tierras a las mujeres o el proyecto de ley de 2018 sobre delitos sexuales y violencia doméstica de Esuatini.
Asociación de Jóvenes Abogados de Georgia

Es la organización más antigua por los derechos humanos de Georgia. Fue fundada en 1994 por un grupo de estudiosos del derecho que trabajaron de manera voluntaria para redactar la primera Constitución del país tras la independencia. Desde entonces ha desempeñado un papel crucial en la democratización de Georgia. A pesar de enfrentar una fuerte represión bajo las nuevas leyes de “agentes extranjeros” de Georgia, la organización ha decidido permanecer en el país.
Timnit Gebru, experta en IA

Investigadora estadounidense especializada en Inteligencia Artificial y fundadora del Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial Distribuida. Su trabajo cuestiona la concentración de poder en el sector tecnológico y expone los daños que los sistemas de inteligencia artificial ya están causando en la vida cotidiana de las personas, en particular entre comunidades que enfrentan discriminación y exclusión. Tras una disputa por un artículo académico que advertía sobre los riesgos de los grandes modelos de lenguaje, fue despedida de Google, donde codirigía el equipo de IA Ética.







